Un amor en tiempo de verano

Era invierno cálido de Diciembre, mi corazón estaba tranquilo y en paz disfrutando de una vida nueva, nueva vida (eso me obligaba a cree). Me reconocía en un entorno melancólico y de mucho esfuerzo para ser feliz.
La poesía tocó las hebras de la penumbra en la que se desvaneció mi pasado, aquel que no quería soltar, aquel que me mantenía de pie y con una sonrisa forzada, ante la sociedad nueva que me recibía.
La poesía vino para rescatarme y enseñarme, que se podía soñar entre los árboles de Enero, los búhos harían su labor nocturna; de cuidar el amor que hacia efeversencia de a poco en las noches bajo el árbol.
La poesía se disfrazaba de hombre, ojos color miel, tez clara, altura alta, labios gruesos y una sonrisa de suspiró. El toque de sus manos, hacian musitar las mejores palabras de amor, sus besos arrebataban la razón; anesteciaba la atmósfera para entregarte completa a lo que llaman amor.
El café, era la mejor compañía para iniciar el día con poesía "Americano, por favor!". Lo que seguia, era responsabilidad de la pasión y las letras que nos desvestuan y nos convertían en marionetas, para dar paso a sus deseos y voluntad, de una manera tierna y acogedora. Un te amo, sellaba el último acto antes de cerrar el telón del día.
Era el deleite imprescindible, una necesidad de amar y no soltar, porque aquello la hacía feliz, sonreía. Sí, una sonrisa que ni ella conocía a sus 28 años, la poesía se había vuelto el motivo más sublime de amar la literatura, vivirla, saborearla, llenarse...
El árbol la acompañaba todos sus días y se entretejio de sus sueño y anhelos.
Desde entonces toda su vida,  se ha vuelto una poesía sin fin. No la despierten nunca, porque ella está besando el cielo.


Charlotte

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