TIEMPOS DE SEQUIA
Tiempos de sequía
Otoño
1918, mis ojos se entreabren, puedo ver la luz tenue del amanecer. Un amanecer
álgido no solo por la época, sino por lo que emanaba en el ambiente; giro la
mirada a la ventana, puedo percibir las nubes sombrías que se asoman sobre los
árboles, me incorporo como ya es costumbre, me miro al espejo y me percato cuanto ha crecido el árbol que
se encuentra en aquel rincón de esta habitación blanca.
Me digo:
No hay nada más que pueda hacer.
Abro un
poco la ventana para respirar un poco de aire fresco, el aire, el aire huele a
putrefacción como consecuencia de la guerra, hambre y pandemia. Inmediatamente
cierro la ventana sintiendo un golpe de dolor y morriña llenando mi ser y mis
emociones. Mi aliento es cada vez más mortecino y me digo: ¿En qué momento
todo comenzó a detenerse, el tiempo, la vida , los ciclos?
Quizás sea
víctima de una pesadilla y no sé
cómo despertar o ¿es todo
resultado de una maldición? Me acerco al buro del abuelo, tomo el retrato y
observo con detenimiento el paisaje que se plasma en mi imagen de fondo, el sol
resplandece sobre los árboles y pinos de ese lugar, hace mucho que deje de
mirar el sol de esa manera. Recuerdo ese día era invierno y sin embargo se
palpaba la felicidad en mi rostro, me gusta ver esa foto para recordar quien
era, a veces no logro reconocerme y siento como si me disipara en la soledad de
los días. Un ligero ruido de ese árbol, capta mi atención, se ha caído una hoja
seca y se dispersa como si llegara un fuerte viento. Siento como un escalofrío recorrer mi cuerpo,
las ramas comienzan a moverse violentamente.
Corro
hacia la puerta, hace días que deje de abrirla, es inútil. Mis piernas
desfallecen, aquel árbol se expande alrededor de la habitación como si
reclamara su lugar, intento gritar, pero es como si se comieran mi voz, me
ahogo en el intento, y cada vez me siento más endeble.
Una rama
se enreda entre mis cabellos y comienzo a sentir una quietud que ya había
olvidado, entre esa sensación comienzo a recordar todos aquellos momentos de
júbilo en mi vida, mi familia, mis amigos, mi infancia y los lugares en los que
solía ser feliz, todo viene a mi mente y un cúmulo de emociones renacen en mí, como si
estuviera sobre una ruleta. Abro los ojos y puedo ver la luz resplandeciente
del sol, escucho a lo lejos el cantar de los pájaros y las risas de mis padres.
De
inmediato me incorporo, miro hacia el rincón el árbol pintado está ahí,
estático. Alguien toca a mi puerta y es mi madre: “Hija buenos días, la mesa ya
está servida”
Yo: “Si mamá, ahora bajo” lo digo con tono de conmoción. Giro hacia el árbol, lo contemplo y sonrió
Yo: “Ha
sido una pesadilla, te has convertido en el guardián de mis secretos y mis
días” En mi interior, logro sentir como si germinara algo nuevo, me siento como
un árbol que ha logrado florecer una vez más durante la sequía. Me siento
agradecida con lo que tengo, un tesoro hecho vida que alimenta las ramas de mi
ser y produce hojas verdes en mi mente.

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